jueves, 22 de enero de 2009

Miércoles; 16 y 30


No te vayas
Es temprano para huir
Y muy tarde para faltar a nuestra cita.
No te vayas
No te pido palabras
Ni siquiera pretendo una caricia.
No te vayas
Simplemente permanece
Que en este mundo
Donde todo
Todo
Se desvanece sin remedio
Me gustaría saber que estás
A mi lado en esta tarde

miércoles, 21 de enero de 2009

On inaccuracy


De Hillaire Belloc:

Inaccuracy is a God...At least, some God guides it... Inaccuracy is a very fruitfull and powerfull creator of things. It not only creates legends, it create words. There are hosts and crowds of words... through the inspiration of inaccuracy, wich is blown into men by this God of whom I speaks...

Nada más cierto!

martes, 13 de enero de 2009

Antisemita?






La guerra, esta que tan de cerca nos golpea pese a parecer lejana, nos hace también pensar sobre esas palabras que usamos para designar, para etiquetar, para marcar a las personas y poder clasificarlos cómodamente: "Este es un..." lo que sea.

Muchos de nosotros condenamos los ataques del estado de Israel contra la Franja de Gaza. Una guerra, ¿se le puede llamar así? premeditada y que responde a móviles un poco más complejos que la defensa contra el terrorismo. Condenar a Israel, por supuesto, no significa avalar a Hamás, ni siquiera debería ser idéntico a promover la causa palestina; considerar que esta "operación militar" tiene características de masacre no supone más que eso: censurar las acciones de un estado, en este caso el israelí.
Nada más, nada menos.

Aquí, empero, la cosa se complica porque un estado concreto; Israel asume en sí la identidad de un pueblo, una tradición religiosa y una cultura. Censurar al Estado de Israel es visto como un ataque al pueblo judío, como un acto de antisemitismo, como una verdadera agresión. Confusión interesada que no solamente es usada por los gobernantes de ese mismo estado sino también por sus enemigos.

Este blog, dedicado a las palabras, tiene algo que decir al respecto. Al menos para evitar confusiones y deslices de sentido que hacen el juego a la propaganda.

Semita y antisemita.
La palabra semita proviene de la leyenda bíblica, que heredan los cristianos y los musulmanes, de Noé.
El famoso sobreviviente del diluvio tenía, según esta historia, tres hijos de los cuales descendería toda la humanidad presente.
Los nombres de estos patriarcas son, según la traducción más común, Jafet; antepasado de los pueblos europeos, Cam; progenitor de las naciones vinculadas a Egipto y Sem, padre de los pueblos mesopotámicos.
El relato representa la manera en que los escritores de la Biblia se ubicaban en relación a sus pueblos vecinos. Sem, según su genealogía, fue ancestro de Abraham y, a través de él, de dos grandes naciones; los hebreos, por su hijo Isaac y su nieto Jacob, y los árabes, descendientes de Ismael el otro hijo de Abraham.
Algo de verdad había en esta esquemática asignación de parentesco, pues las lenguas de mesopotámicos (asirios y babilonios), hebreos y árabes tienen un origen común. De ahí que los lingüistas se refieran a ellas como "lenguas semíticas".
Un antisemita, stricto sensu, sería aquella persona que tiene prejucios o que abomina de alguno de estos pueblos. Modernamente quien denoste a árabes, judíos o incluso etíopes podría ser tildado de antisemita.
Sin embargo como los semitas más característicos del mundo occidental eran personas de la etnia judía, el término se reservó para aquellos que elevaban su odio hacia los judíos a la altura de un proyecto político.

Israel.
Israel es el nombre de una antigua entidad política del Cercano Oriente. El nombre parece provenir de la lengua cananea, virtualmente idéntica al hebreo, y puede significar tanto 'El (es decir Dios) lucha o 'El resplandece. Una etimología posterior la interpreta como Luchar con Dios.
Ciertos grupos de hebreos, palabra que significa fugitivos, se organizaron en torno al siglo XII antes de Cristo en una federación de tribus que adoptó este nombre; Israel. En el siglo IX a. C., esta federación se convirtió en un próspero reino con capital en Samaria que intervino activamente en la política regional hasta ser conquistado por el imperio Asirio cerca del 722 a. C. Los habitantes de la región, deportados sus dirigentes, tomaron el nombre de samaritanos, una pequeña comunidad de los cuales subsiste todavía en su tierra ancestral.
En la Biblia se relata buena parte de la historia de Israel, desde una perspectiva idealizada, y de esta manera el nombre llegó hasta nuestros días.
El estado creado por inmigrantes judíos procedentes de Europa tomó esta denominación; Israel en un intento deliberado de entroncar con la (pseudo) historia bíblica.
El gentilicio para los súbditos del antiguo Reino de Israel es israelita, a veces usado como sinónimo de judío, mientras que israelí es el que corresponde para los ciudadanos del estado moderno.


Judío.
La palabra proviene de Judá, denominación de la región montañosa de la antigua Canaán, considerada luego el nombre de un patriarca hebreo.
Los nativos de Judá, o judaítas, se unieron a la federación de Israel y le impusieron un rey; David, surgido de sus propios clanes. Después del reinado del hijo de David, Salomón, el reino de Judá se separó del reino de Israel y perduró hasta el 587 a.C. cuando fue conquistado por los babilonios. Una parte de la población fue deportada a Babilonia, especialmente los nobles y sacerdotes, y otra quedó habitando la región.
Una generación más tarde numerosos descendientes de la aristocracia judía volvieron al país y lo organizaron como un estado sacerdotal bajo el control de los persas primero, de los griegos depués.
En el siglo II antes de Cristo los sacerdotes macabeos derrotaron a los reyes griegos y crearon un efímero reino llamado Judea que cayó, más tarde bajo el protectorado romano.
En el año 66 de nuestra era los campesinos judíos se rebelaron contra Roma y fueron derrotados, perdiendo el control del territorio. Rebeliones posteriores determinaron la creación de una provinvia romana, llamada Palestina, en la región y la dispersión de la mayor parte de los judíos.
El pueblo o etnia judía sobrevivió a esta diáspora merced al lazo de unión que supuso la existencia de una religión común: el judaísmo.
En la primera mitad del siglo XX había numerosas comunidades judías, con diferentes grados de observancia religiosa, en la mayor parte del mundo, incluida Palestina. Generalmente eran una minoría que podía ser tolerada o perseguida, siendo utilizada por los gobernantes, de origen cristiano, como excusa para desviar la atención de las masas en momentos de crisis.
En Alemania, bajo el nazismo, se dictaron violentas leyes contra los judíos discirminándolos en casi todos los órdenes de la vida. Esta persecusión terminó con la deportación de millones de ellos y su posterior asesinato en campos de exterminio; a este hecho se lo conoce como Holocausto o Shoah.
Tras la derrota nazi, numerosos judíos emigraron a Palestina, entonces bajo mandato británico, donde se establecieron con la esperanza de constituir un estado propio. Este movimiento fue liderado por una ideología política de corte nacionalista llamada Sionismo y logró su objetivo fundando un estado democrático llamado Israel.
En lenguaje coloquial un judío es tanto el practicante del judaísmo, como el miembro de un grupo étnico particular. Se puede ser judío, en el sentido cultural, sin serlo en el plano religioso mientras que la conversión de personas étnicamente no judías es desalentada.

Sión y sionismo.
Sión era el nombre de la fortaleza situada sobre una colina de Jerusalén.
La Biblia usa el término para referirse a toda la ciudad y, por extensión, a la comunidad espiritual de los elegidos por su dios; Yahvé.
Los cristianos heredaron este uso pero, en muchos casos, se lo aplicaron a sí mismos en el convencimiento de que eran ellos los nuevos "elegidos de Dios".
De uso poético y metafórico durante siglos fue recuperado por un movimiento nacionalista surgido en el siglo XIX en las comunidades judías de Europa.
El sionismo, tal su nombre elegido por Nathan Birnbaum, fue fundado por el periodista austrohúngaro Theodor Herlz con el objetivo de crear un estado para la nación judía. El concepto se entronca con los movientos nacionalistas del período que propugnaban la consigna: "todo pueblo debe tener su propio estado".
Los principios básicos del sionismo son:
  1. la reunificación de todo el pueblo judío en el territorio del estado de Israel,
  2. el fortalecimiento de este estado y
  3. la preservación de la identidad judía,
  • estos tres objetivos están estrechamente relacionados y todos juntos son considerados como garantía de la protección de los derechos de los judíos, considerados como etnia, en cualquier lugar del mundo.
El sionismo ha agrupado en su seno numerosas corrientes ideológicas que, coincidiendo en los puntos arriba mencionados, representan tendencias divergentes dentro del movimiento, entre ellas existen el sionismo socialista, inspirado en la idea de revolución, que preconizaba la creación de granjas colectivas; kibutzim, el uso de la lengua hebrea, entonces conservada sólo en los textos sagrados, y de carácter decididamente secularista, incluso ateo.
Adversario de esta visión es el sionismo revisionista de Jabotinsky, fuertemente tradicionalista y centrado en el tema de la ocupación territorial.
Mientras que el sionismo socialista marcó el comienzo del estado de Israel y, formalmente, se mantuvo en el poder hasta los años 70, el sionismo revisionista, a través de su partido Likud, es dominante en la política israelí de las últimas décadas.
Importancia creciente tienen el sionismo religioso que impulsa el accionar de los colonos judíos en las áreas ocupadas; su lema es "El pueblo de Israel, en la tierra de Israel, según la Torá (Ley sagrada) de Israel". Un ejemplo evidente de unión entre mito, propaganda y nacionalismo.
Una corriente, importante entre los grupos evangélicos, es el llamado Sionismo cristiano que ve en el surgimiento del Estado de Israel el cumplimiento de las profecías bíblicas.
Más curiosa es la poco conocida existencia de algunos intelectuales musulmanes que apoyan abiertamente el sionismo.
Del otro lado existen minorías dentro del judaísmo que se definen como anti sionistas.

Es entonces, una falacia tanto histórica como lingüística, identificar al anti sionismo con el anti semitismo (en su acepción más estrecha), del mismo modo que no puede asimilarse la política de un estado moderno a los de predecesores semi legendarios que llevaron el mismo nombre y, mucho menos, suponer que el estado de Israel, por sí, representa al pueblo judío o al judaísmo en su conjunto.

Verbos copulativos


Sugerido por el blog de Bruce Windu

El verbo copulativo une al sujeto de la oración con el predicado nominal, es decir aquel predicado cuyo núcleo no es un verbo.

De manera más sencilla; el verbo copulativo une al sujeto con un atributo dado. Se dice que en este caso el verbo ya no tiene, o casi no tiene, significado, se limita a ser un nexo, un lazo, una cópula en el sentido más amplio del término.

Sabrina es hermosa o Gustavo está insoportable son, además de verdades evidentes, ejemplos de oraciones donde los verbos ser y estar funcionan como copulativos. Digo funcionan porque en la construcción: El gato está dentro (lo cual es verdad, ¡¡volvió a meterse el desgraciado!!) estar no cumple una función de unión, vale decir, no es copulativo.

Nuestra lengua reconoce unos pocos verbos copulativos, y uno de los pasatiempos de los gramáticos es descubrir algún otro que se nos haya pasado por alto. De mis tiempos del Normal 3 recuerdo sólo cuatro, recitados en cantinela, a saber: ser, estar, parecer y semejar.

Sin embargo parece que podemos encontrar algunos perdidos por allí como: yacer o andar (y otros) que pueden cumplir tareas de cópula.

En castellano, también en otras lenguas de las Españas, establecemos una diferencia, más o menos sutil, entre ser y estar: Distingo o discriminación que irrita bastante a cierto periodista porteño que suele despotricar contra ella preguntándose si para ser no es preciso estar...
El origen de este deslinde de sentidos tiene que ver con el uso que los primeros hablantes del castellano hicieron de las voces latinas esser (que se remonta al indoeuropeo: *hies y denota una simple unión para el atributo) y stare (literalmente: estar de pie, del indoeuropeo*steh). Ser implica una permanencia en la situación; es así y nada, o casi, podrá cambiarlo.
Estar señala, más bien, un estado temporal; por el momento está en esa circunstancia, pero alguna vez las tornas se volverán.
Por eso uno dice: soy feliz, pero con incurable optimismo, expresa: estoy triste.

El copulativo es una forma verbal propia de las lenguas indoeuropeas (pero no exclusiva) y representa un modo particular de ver el mundo. La función copulativa presupone un grado elevado de abstracción, cualidad que implica tanto pensamiento puro como, contracara dialéctica, puro pensamiento, en el cual la palabra, cuyo origen está en la denotación de un objeto, pierde su conexión con el mundo fisico para entrar en los dominios de lo social. El verbo copulativo es lo que llaman un morfema, o "palabra vacía" para utilizar la gráfica expresión china, y representa el primer intento de construir una lengua donde no sólo se indique algo, sino que se pueda establecer relaciones entre diferentes algos.


PY ahora, para dejar de lado tanta aridez gramatical... ¿qué tal este texto recogido al azar en la Trama?

domingo, 11 de enero de 2009

... y cuando no vienen las palabras


A veces se hacen rogar, por algo son damas. Damas de abolengo, añadiría, pues su prosapia se remonta a siglos olvidados. ¡Cómo llamarlas si portan en sí la sabiduría de los pueblos y los anhelos de los sabios!
Vendrán cuando ellas quieran e impondrán sus condiciones. Es su privilegio y su derecho. Es su incontestable primacía. Ellas me precedieron y vivirán cuando yo no sea más que la sombra del recuerdo, un nombre, si es que queda, en una lista borroneada.
Por supuesto que hay quien no las respeta. Ellas no se cuidan de él. Lo dejan hacer con displicencia propia de su señorío. Que las busquen en vano y las convoquen en frases de torpe apariencia; nada tienen que hacer con el torpe escriba. Ni siquiera lo reprenderán pues consideran que su ignorada ignorancia es castigo suficiente.
Otra cosa es con quienes las descubren por vez primera. Son todo dulzura en sus labios y se sonríen con picardía al oírse nombrar con sonidos cambiados o verse escritas en torpes, pero amables, caracteres. Un eslabón más se ha sumado a la cadena de su linaje, motivo de regocijo pero, ya no, esos tiempos han pasado, de vanos oropeles. Bien, se dicen, miren como nos nombra este pueblo pequeño que está creciendo... estamos vivas, hermanas... y ríen, y se repiten de un labio al otro, de una página a la siguiente, del cuaderno al libro de cuentos y del periódico a la página virtual.
Es verdad que a veces, como hoy, se niegan a presentarse. Es verdad que exigen claridad, que demandan seguridad y, sobre todo, tener algo que decir, es cierto que, hastiadas quizás de tanto abuso, opten por dejarme solo y cabalgar a lejanos territorios en su busca. En este día, cuando nada parecía presagiarlo, se han mostrado notoriamente esquivas. Es que creía necesitarlas, pero en verdad no había nada que decir, el terreno estaba cubierto de malezas y, por mi incuria, se negaron a venir.
No obstante el día en que llegan. ¡Que de alegría no alberga mi pecho!, ¡qué de cantos no estallan en mis labios! ¡qué maravillosa veo la vida cuando ellas, las palabras, acuden a mis manos y se dejan, mansamente, escribir!

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