viernes, 17 de junio de 2016

Combativos

Están en la primera línea. Siempre.
Marchan al frente con las banderas en alto. Corean consignas que hablan de intransigencia, disputa del espacio, triunfo sostenido en indignaciones varias.
Son puristas. No se suman a las causas mayoritarias porque, intuyen, algo hay errado en las grandes masas. Sobre todo en las masas que ellos no convocan.
El paro general, sin embargo, los puede, los seduce, los arrastra. Es un momento de goce, un pregusto del paraíso que lograrán tras la Revolución. Tanto es así, que no importa entonces quien llame a la huelga general, ellos estarán allí, presentes. Para agregarle el necesario adjetivo "revolucionaria" y fantasear que por medio de ella se redimirán todos los males, el pueblo se alzará como uno solo y el alba saludará a un gobierno proletario.
Es un sueño, por supuesto, nada les molestaría más que se cumpliese.

Están en el mejor de los lugares posibles. La crítica. Ponen el cuerpo, nadie lo niega, pero es un esfuerzo estéril. Funcionan más o menos así:
Imaginemos lo que se llama una dirección combativa, la delegación local de un sindicato, una comisión interna, una agrupación universitaria o una exigua minoría en el Congreso de la Nación.  
Ante un problema puntual su respuesta será la misma: Nada puede hacerse si no se cambian las relaciones de producción. Estas cosas van a seguir pasando hasta tanto no hagamos la Revolución.
¿Te echaron del laburo? Es la injusticia del sistema capitalista: ¡Revolución ya!
¿Se tapó la cloaca del barrio? Es que las empresas lucran con nuestros desechos en el sistema capitalista:¡Revolución ya!
¿Te liquidaron mal las horas extras! No, no importan los cálculos, te están explotando: ¡Revolución ya!
¿Tu novio te dejó!  ¡Revolución ya! ¿se te quemó la comida?  ¡Revolución ya!

Cuando el problema pasa a ser de más de dos personas, se transforma en un problema colectivo  y rápidamente editan un volante, no menos de 1588 palabras, explicando la opresión que sufren los trabajadores de tal o las empleadas de cual... No importa si son dos, tres, doscientos o mil; a los combativos les gusta generalizar y eliminar los matices.

Entonces comienza la lucha.
Medidas de acción directa, huelga, volanteada, marcha, banderazo... los abrazos simbólicos no son de su agrado, mucho menos los ayunos o el boycott que tienen un no sé qué de religioso o pequeño burgués. No les gusta el recurso a las armas, más por amor  a sí mismos que al prójimo. Después siempre se podrá criticar a los "violentos". Como tantos, los combativos pertenecen al bando: ¡Animémonos... y vayan!

De entrada plantean la victoria como única opción . Victoria que signfica la caída del capitalismo, Victoria que saben imposible, es parte de su estrategia, camaradas....

Están en todas partes, a toda hora, en cualquier momento. Dejan de lado toda responsabilidad personal, compromiso, laburo o cita amorosa. La huelga los llena por completo, es una experiencia mística, una comunión con las luchas de todos los proletarios del mundo, un orgasmo colectivo. 
Hablan en improvisadas tribunas porque son (o eran) magníficos oradores aunque con escasa sustancia. Muchos, pero cada vez menos, se saben de memoria las obras de los Santos Padres y suelen usarlas para demoler argumentos con escolástica destreza. Hoy, no obstanten, prefieren citas de Los Redondos o La Renga, consignas vacías y  los infaltables ataques personales. Entere los combatientes sub treinta pocos saben leer y menos, redactar un texto; son una especie de barrabravas barnizados con reclamos sociales; barderos de izquierda si se me permite la expresión.

El momento que más temen es cuando la lucha se agota. Cuando el reclamo planteado no es atendido o, peor, cuando sí es atendido. Obtener lo que demandan es su más terrible pesadilla, temen a esto más que cualquier tipo de represión; más aún, aman, desean, anhelan la represión que los redime y justifica como los cristianos que en el fondo siguen siendo. Sin embargo, si la fábrica, la empresa, el gobierno o el mismísimo Señor de los Ejércitos los convoca a dialogar, un sudor frío corre por su espalda, se miran unos a otros, parpadando, se pellizcan los brazos y se dicen: ¿No estaremos traincionando la causa?


Si pueden hacerlo prefieren dejar en manos de la Asamblea la decisión sobre que respuesta dar. Manipulan el debate todo lo posible, son expertos en chicanas,  para que se adopte la moción que presentan: Rechazo y continuar la lucha hasta que caiga el capitalismo. 
 

Si triunfa salen ufanos, provocan a los agentes de policía y esperan que los repriman. Si, pese a todos sus esfuerzos, no los muelen a palos (en especial a los demás, ellos salen raudamente a buscar las cámras de televisión), entonces boicotean el diálogo entablado hasta que la empresa o dios mismo se cansen y los manden a paseo. Entonces proclaman, por el medio de prensa que se venden a sí mismos, la intransigencia de los poderosos, anuncian un futuro brillante, una revuelta popular y, por supuesto, concluyen diciendo:¡Revolución ya!


Si no son ellos los que deban negociar entonces están más que felices. Alguna vez he llegado a creer que manipulan las elecciones para salir segundos y no tener que tomar decisiones...
Cuando es otro el que trata con la Patronal, los combativos están en su salsa.
Porque ese otro es aquel a quien odian más que a la misma Patronal.
Porque quieren que le vaya mal.
Porque pegarles es gratis y siempre será apoyado por la mayoría, incluso por aquellos que no simpatizan con los combativos, pero son fervientes cultores de la bronca privada.

Sea cual sea el resultado de la negociación es evidente que las dos partes debieron ceder algo, por eso se llama negociar, y constituye la razón de ser de la política. 

Los combativos, entonces, saben que tienen todas las de ganar. Buscan con lupa la letra chica del acuerdo, hallan el punto que no salió tal como estaba previsto, descubren que tal o cual colectivo no sale bien parado en el acuerdo, aguzan el oído y se compruban con inocultable satisfacción, la amarga realidad: todo muy lindo, pero el segundo violín desafina...
Y se montan sobre ello. 
Y son felices proclamando que la dirigencia traiciona a las bases, abusando de palabras como burocracia, contubernio, negociado, engaño y complicidad.
Y se yerguen como los impolutos guardianes de los derechos de las masas.
Y lanzan proclamas y comunicados.
Y son apoyados por todos aquellos que se sienten traicionados, por los amargados, por los pesimistas, por los que no mueven un dedo pero lo alzan con frecuencia, por los que saben que oponerse a todo no compromete a nada y paga un montón.
 



viernes, 10 de junio de 2016

Jornada docente.

Nos reunimos.
Escuela de barrio, mucho frío, los pibes nos miran raro: ¿qué hacen todos estos maestros acá? Nos escabullimos al Salón de Actos.
Calefacción, un gran termo con agua caliente, sobres de café, té, mate cocido. Facturas.
Hacemos honor al dicho: más hambre que...
Una pantalla diminuta muestra un power point cuyas letras, para la presbicia profesional, son indistinguibles. Los power point son la forma moderna de la vieja tortura de las diapositivas, las filminas y, supongo, las sombras chinescas en algún aula del Celeste Imperio.
¡Qué comiencen los Juegos!
La Licenciada habla, nadie le presta demasiada antención, demasiado ocupados en terminar el café, deglutir las facturas y conversar con conocidos de diferentes escuelas.
Recorro mi vida laboral en pocos metros. La compañera de estudios, la antigua colega de la secundaria, la Vice Directora de mi actual (hasta agosto) secundaria, el director del Taller... Y un poco más; una amiga que conocí en ese experimiento sociorrevolucionario llamado JuFra y, ya sobre el final, la chica que me rompió el corazón a los diecisiete años...

Pasan un video motivador.
¡Odio los videos motivadores!
En un jabón se esconden las esculturas... Buonarotti convertido en gurú de autoayuda (y sin acreditar por añadidura).
Las posbilidades son infinitas, afirman.

Dinámica grupal.
¡Al menos nos vamos a divertir un poco!

Nuestro grupo tiene que improvisar un rap sobre la jornada de Escuela Abierta que tuvimos. Lo miro al profe de Música, se hace el Oso... Escriubo, garrapateo, una mala poesía. Ojalá estuviera Manu acá; nos sacaría de apuro... Leo tímidamente mi producción con una rima terrible, ripios y una media de diez lugares comunes por verso... me aclaman. No es que sea buena, es que resuelve el expediente de tener que presentar algo en una mañana tan fría.

Los grupos exponen. Desde los acadios no han variado las dinámicas; consignas, juntarse, debatir, armar un afiche, obra de teatro, tablilla cuneiforme o pantomima... Por último la infaltable Puesta en común.
La mitad de los asistentes no escuchan; están ocupados preparando su propia presentación. La otra mitad, bueno, la otra mitad jamás escucha... nunca.

Maestros y maestras haciendo oficio mudo, cantando una payada, jugando con las sillas, imitando tristemente un rap que obligaría a Residente a dedicarse a la ópera...

La Licenciada comenta.

Poné aparte la cabeza, guardá la mente y aplaudí,. me digo.

Unas profesoras exponen sus conclusiones en forma de noticias. Me dan ganas de reprobarlas. Por la forma, en especial...

Otras cuentan un cuento. Hermoso, realmente, con eses devoradas y todo. Un remate propio de maestra jardinera, de maestra jardinera con los pies bien puestos sobre... el arenero.

La Licenciada sigue comentando.

¿El Estado le paga por hacer esto?

Un video de Canal Encuentro. Que nosotros también les dejamos un Caballo de Troya.

¡Maravilloso! Es de la serie Presentes y se llama Emilia. Nunca lo había visto y se me escapan dos lagrimones.

La mañana sigue fría, pero se pone interesante.

Nuevo trabajo en grupo.


La consigna es confusa, una estudiante de Profesorado debería reformularla, pero abre el debate.

Todos queremos hablar, pocos quieren escuchar... El cambio de persona es intencional.

Me reprimo y me callo.

Y entonces sucede.

Las anécdotas desbordan. Fluyen. Empapan de realidad un encuentro anodino, de esos a los que uno va por cumplir...

Escuelas donde los docentes conocen por su nombre a los pibes, donde se hace lo posible para que aprendan, donde se los escucha, donde duelen sus realidades y gratifican sus logros.

La pistola en clase ¿Y yo que iba a hacer?, me dice la regente de allá.

Se droga, pero puede salir, comenta el maestro de acá.

Hablamos con los padres, con los psicólogos, con el equipo socioeducativo, con ella... y, no sé, a lo mejor pueda... se ilusiona la profesora de alguna escuela de número desconocido.

Entonces pensé ¿y si lo hacemos de esta manera?

Y uno tiene que cuidarse, porque van, comenten un delito y vuelven a clase como coartada. Y uno le habla pero...

Sí, sabía que no era así, pero por lo menos se animaba a contármelo... Y eso es un gran avance.

Y vino después, y me dijo; maestro, esto lo aprendí gracias a usted...

La Licenciada deja de hablar, es la hora de salida.


 Saludos, despedidas, sonrisas, historias que calientan el corazón en la tarde que el sol no puede entibiar.











martes, 10 de mayo de 2016

¿Cuál es tu palabra?

La palabra, dicen, fue el principio de todo.
Articulada por un dios, pudo crear el Universo. O, al menos, pudo nombrarlo que no es lo mismo pero es igual.
La palabra fue el ambiguo don que nos hicimos a nosotros mismos a la hora de despertar a la conciencia, al conocimiento del Bien y del Mal como dice el mito.
Desde el hipotético nostrático, pasando por el indoeuropeo, las lenguas centum, el latín vulgar sazonado con unos toques de árabe nos llegó esta dulzura que llamamos castellano (que siempre preferiré a español). Y para terminar de engolosinarnos, vinieron las voces de la América como postre, como juego, como misterio...
Dijo alguien, yo no lo sé pero Google es omnisciente y lo conoce, que la palabra lindo es una de las más bellas. Lindo, del latín legitimus que vale por completo y por legal, suponiendo que las leyes puedan (ilusión neurótica) ordenarlo todo. Antes de eso la raíz *leg indicaba la acción de elegir, de leer, de formar un grupo de escogidos; una legión.
A los extranjeros les causa gracia la palabra lindo. Y no hablemos de poquito, rico o salsa...
Es que las palabras son frutas, son caramelos, son perfume, son música o cacofonía. Un sacramento cotidiano.

Amo las palabras y amo descubrir nuevas donde menos las espero.

Es difícil elegirlas. Todas me seducen de un modo u otro. Algunas con sus sonidos turgentes, otras con sus bordes ásperos, aquellas con su historia, estotras con  sus múltiples aristas.

Me juego, no obstante, y te muestro algunas de mis palabras favoritas. Así, sin rubor y sin explicaciones...

Sólo diez, en riguroso orden alfabético.

  1. ABALORIO
  2. BEZANTE
  3. CIMBREANTE
  4. HACÁN
  5. MIMOSA
  6. NUMINOSO
  7. ÑIQUIÑAQUE
  8.  ORGIÁSTICO
  9. RUAR
  10. TRIPUDIO
  1. Cimbreante tallo
    Ruar en el siglo XIX
    Oro por...¡abalorios!

  2. Orgiásticas ninfas y sátiros sicalípticos


    De Moisés a Moisés, no hubo un hacán igual

    Es una flor, es una mimosa... pero yo conozco otra que es sólo mìa...

    La vi y me dije: numinoso.

    No es del todo exacto, la moneda es besante y bezante, que deriva de ella, es un emblema heráldico...

    La vida en el tripudio, cantan en La Traviata.

    Ñiquiñaque definción actual (por dos)



  ¿Las conocías?

¿Cuáles son las tuyas?



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