martes, 25 de junio de 2013

¿Feminista?






La pregunta sonó como un pistoletazo: ¿no serás feminista, vos?
Me sorprendió, lo confieso. No soy muy hábil en ese tipo de dialéctica; argumento, contra argumento, finta, esquive y nuevo argumento. Ni siquiera se me dan bien las falacias. Debo haber respondido cualquiera, alguno de esos lugares comunes que nos permiten salir del paso.
La pregunta, a pesar de todo, me hizo pensar.
Era como una piedra en el zapato, la maldita. Como un granito… en la espalda; justo ahí donde uno no puede rascarse. Y picaba, vaya si picaba.
¿Seré feminista?, me dije.
¿Feminista por hacer la Costilla de Adán, este programa de género que comienza diciendo que las histéricas son lo máximo…?
¿Feminista por cuidar que mi lenguaje sea inclusivo?
¿Por defender ciertos derechos de las mujeres?
¿Por hablar de patriarcado, androcentrismo y opresión machista?
A lo mejor lo soy, me dije, esperando que si lo admitía la piedrita dejase de escorchar.
¿Y con eso?, exclamé después de reivindicarme con este otro ismo; soy feminista ¿y qué?
Uh, es feminista el tipo, comentó, sarcástica, mi parte sarcástica, que para eso está, claro.
La piedra molestaba más que antes.
Un tipo, un tipo común, un tipo promedio, un varón hincha de Central y medio zurdito ¿feminista?
Mi hermana, feminista, vaya y pase. Pero yo…
Me sentí medio maraca, que quieren que les diga. Todo bien, aclaro, con el colectivo LGBT y siguen las firmas… pero es un bondi que no tomo.
Miré las minas que me rodean, rodearon, rodearán (con suerte) novias, esposas, amantes… hasta compañeras de trabajo. En serio, las miré a todas.
Me gustan las mujeres. Me gustan mucho. Desnudas, de preferencia, escuchándome en silencio me vuelven loco… Me gustan y me gusta ser varón. Como los judíos, daría gracias al barbeta por haberme hecho machito.
Pero sos feminista, insistió la piedra, la pu… roncha, la mosca en la oreja.
Feminista.
Creo que no hay algo llamado varón y algo llamado mujer, pero sí creo, sin contradecirme, que habemos varones y mujeres, que somos diferentes, que miramos el mundo desde experiencias distintas, que somos, en fin,  lo que traemos en los genes y lo que aprendimos, bien que mal, de esa serie de convenciones heredadas que llamamos cultura.
Creo que somos distintos y que somos iguales. Que tenemos múltiples miradas, no todas válidas, que tenemos un mismo objetivo: tratar de pasarla lo mejor posible. Si no jodemos a nadie en el proceso: ¿cuál es?
Por eso soy feminista, si así les gusta llamarme.
Feminista porque conozco bastante la historia como para saber que, desde hace una ponchada de años, las mujeres han sido tratadas como objetos, como mercancía, como desecho. ¿Han sido? Debo estar en un día de optimismo; continúan siéndolo. Lean el libro La Mitad del Cielo y después me cuentan…
Feminista porque no creo que las mujeres sean siempre maravillosas, solidarias, tiernas, receptivas, acogedoras (con perdón de la palabra) e igualitarias. Algunas sí, otras son unas reverendas cabronas, la mayoría, como suelen ser las mayorías, son un poco de esto y otro poco de aquello; maravillosamente insoportables, dulcemente hinchapelotas… ¿y qué? ¿tienen que ser magníficas para que se defiendan sus derechos? Eso es catecismo puro; los buenos oprimidos. ¿qué gracia tiene defenderlos? Soy feminista también por eso, porque no creo que las mujeres sean diosas… ni demonios… aunque con ese traje de cuero ¡mamita!
Feminista, en fin, porque respeto las luchas por la igualdad de los derechos, no por la uniformidad de los deseos.
Feminista porque todavía hay mucho orate suelto matando minas, denigrando esposas, hostigando pendejas, fabricando techos de cristal u odiando a las “yeguas” sólo por el hecho de serlas.
Feminista sin dejar de reivindicar mi condición de varón. Varón que no es un estereotipo, ni cualquier otro reproductor de formatos de música. Varón que llora, varón que sueña, varón que putea, que se calienta con una mina envuelta en palabras sutiles, que lava los platos, que se pierde como un poseso ante una consola de video, que escucha la música que se le canta las pelotas, se tira pedos y pone los ojos en blanco cuando ella pasa y le roza la espalda.
Feminista y periodista de La Costilla ¿algún problema?

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