viernes, 10 de junio de 2016

Jornada docente.

Nos reunimos.
Escuela de barrio, mucho frío, los pibes nos miran raro: ¿qué hacen todos estos maestros acá? Nos escabullimos al Salón de Actos.
Calefacción, un gran termo con agua caliente, sobres de café, té, mate cocido. Facturas.
Hacemos honor al dicho: más hambre que...
Una pantalla diminuta muestra un power point cuyas letras, para la presbicia profesional, son indistinguibles. Los power point son la forma moderna de la vieja tortura de las diapositivas, las filminas y, supongo, las sombras chinescas en algún aula del Celeste Imperio.
¡Qué comiencen los Juegos!
La Licenciada habla, nadie le presta demasiada antención, demasiado ocupados en terminar el café, deglutir las facturas y conversar con conocidos de diferentes escuelas.
Recorro mi vida laboral en pocos metros. La compañera de estudios, la antigua colega de la secundaria, la Vice Directora de mi actual (hasta agosto) secundaria, el director del Taller... Y un poco más; una amiga que conocí en ese experimiento sociorrevolucionario llamado JuFra y, ya sobre el final, la chica que me rompió el corazón a los diecisiete años...

Pasan un video motivador.
¡Odio los videos motivadores!
En un jabón se esconden las esculturas... Buonarotti convertido en gurú de autoayuda (y sin acreditar por añadidura).
Las posbilidades son infinitas, afirman.

Dinámica grupal.
¡Al menos nos vamos a divertir un poco!

Nuestro grupo tiene que improvisar un rap sobre la jornada de Escuela Abierta que tuvimos. Lo miro al profe de Música, se hace el Oso... Escriubo, garrapateo, una mala poesía. Ojalá estuviera Manu acá; nos sacaría de apuro... Leo tímidamente mi producción con una rima terrible, ripios y una media de diez lugares comunes por verso... me aclaman. No es que sea buena, es que resuelve el expediente de tener que presentar algo en una mañana tan fría.

Los grupos exponen. Desde los acadios no han variado las dinámicas; consignas, juntarse, debatir, armar un afiche, obra de teatro, tablilla cuneiforme o pantomima... Por último la infaltable Puesta en común.
La mitad de los asistentes no escuchan; están ocupados preparando su propia presentación. La otra mitad, bueno, la otra mitad jamás escucha... nunca.

Maestros y maestras haciendo oficio mudo, cantando una payada, jugando con las sillas, imitando tristemente un rap que obligaría a Residente a dedicarse a la ópera...

La Licenciada comenta.

Poné aparte la cabeza, guardá la mente y aplaudí,. me digo.

Unas profesoras exponen sus conclusiones en forma de noticias. Me dan ganas de reprobarlas. Por la forma, en especial...

Otras cuentan un cuento. Hermoso, realmente, con eses devoradas y todo. Un remate propio de maestra jardinera, de maestra jardinera con los pies bien puestos sobre... el arenero.

La Licenciada sigue comentando.

¿El Estado le paga por hacer esto?

Un video de Canal Encuentro. Que nosotros también les dejamos un Caballo de Troya.

¡Maravilloso! Es de la serie Presentes y se llama Emilia. Nunca lo había visto y se me escapan dos lagrimones.

La mañana sigue fría, pero se pone interesante.

Nuevo trabajo en grupo.


La consigna es confusa, una estudiante de Profesorado debería reformularla, pero abre el debate.

Todos queremos hablar, pocos quieren escuchar... El cambio de persona es intencional.

Me reprimo y me callo.

Y entonces sucede.

Las anécdotas desbordan. Fluyen. Empapan de realidad un encuentro anodino, de esos a los que uno va por cumplir...

Escuelas donde los docentes conocen por su nombre a los pibes, donde se hace lo posible para que aprendan, donde se los escucha, donde duelen sus realidades y gratifican sus logros.

La pistola en clase ¿Y yo que iba a hacer?, me dice la regente de allá.

Se droga, pero puede salir, comenta el maestro de acá.

Hablamos con los padres, con los psicólogos, con el equipo socioeducativo, con ella... y, no sé, a lo mejor pueda... se ilusiona la profesora de alguna escuela de número desconocido.

Entonces pensé ¿y si lo hacemos de esta manera?

Y uno tiene que cuidarse, porque van, comenten un delito y vuelven a clase como coartada. Y uno le habla pero...

Sí, sabía que no era así, pero por lo menos se animaba a contármelo... Y eso es un gran avance.

Y vino después, y me dijo; maestro, esto lo aprendí gracias a usted...

La Licenciada deja de hablar, es la hora de salida.


 Saludos, despedidas, sonrisas, historias que calientan el corazón en la tarde que el sol no puede entibiar.











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